La autogestión como modelo

3 de setiembre de 2010

“Las herramientas high-tech existentes o en curso de desarrollo apuntan hacia un futuro donde prácticamente todo lo necesario y deseable podrá ser producido en talleres cooperativos o comunales (…) Los talleres comunales de autoproducción estarán interconectados a escala global y podrán intercambiar o poner en común sus experiencias, invenciones, ideas, descubrimientos. (…) Existe bastante más know-how, talento y creatividad de lo que la economía capitalista es capaz de utilizar. Este excedente de recursos humanos sólo puede ser productivo en una economía donde la creación de riqueza no se someta a criterios de rentabilidad. (…) El empleo (asalariado) es una especie en vía de extinción”.

El texto parece extraído de un discurso del presidente José Mujica. Sin embargo, pertenece al artículo “La salida del capitalismo ya ha empezado”, publicado en la Revue de Ecologie Politique por el filósofo y periodista austro-francés André Gorz en setiembre de 2007, poco antes de suicidarse.

En el mismo artículo, Gorz sostiene que el capitalismo moderno “se opone a la autonomía de los individuos, a su capacidad de reflexionar juntos sobre sus objetivos y necesidades comunes, de concertarse sobre la mejor manera de eliminar el despilfarro, de ahorrar recursos, de elaborar juntos, como productores y consumidores”. Para Gorz, productores y consumidores están separados, cada uno se opone a sí mismo, todos sus deseos se centran en la necesidad de ganar más dinero y la posibilidad de autoproducción para el autoconsumo parece algo fuera de alcance y ridículamente arcaico, sin razón.

Gorz fue uno de los teóricos de la ecología política, que propugna un sistema económico menos agresivo con el medio ambiente y un cambio esencial en la estructura de la sociedad, apartándola del modelo consumista. En cierto sentido, la filosofía de Gorz parece resumir bastante bien dos de los conceptos que ha manejado el presidente Mujica: el del “hombre nuevo” y el de la “autogestión”. El hombre nuevo de Mujica posiblemente no esté relacionado con la acepción guevariana del término, sino más bien con el anticonsumismo, con el rechazo de la noción, derivada del positivismo, de que el progreso de la humanidad es imparable y de que el progreso es sinónimo de felicidad.

Pero, a pesar del recelo respecto a la sociedad de consumo, Mujica no parece repeler totalmente las reglas de juego del capitalismo. “El mundo económico no es piadoso; es de competencia. La piedad hay que tenerla para el seno de la familia. (…) tienen que competir con costos, con realidades en una sociedad de mercados, donde hay empresas que están peleando por la de ellos y si no tienen dureza para enfrentar eso, la quedan”, expresó Mujica el viernes 27 de agosto en la fábrica Envidrio.

En el Polo Tecnológico del Cerro Mujica habló de “multiplicar la riqueza”, de tener “responsabilidad con el trabajo” y de poder decirle a un compañero de toda la vida: “vos no servís para esto, carretera”. Asimismo, pidió flexibilidad para tejer alianzas con los empresarios que tienen el capital y conocen cómo funciona el mercado.

Y, a la vez que llamaba a admitir las reglas del mercado, el presidente elogiaba las experiencias de autogestión empresarial como la de Envidrio. “Ojalá podamos multiplicar estas experiencias”, señaló. Esta convivencia ha permitido que “un puñado de trabajadores pudiera cumplir el sueño de ser autopatrones, pero no para tener a otros trabajando para ellos” sino para “asegurarse una fuente de trabajo y manejarla con sus criterios”, agregó.

La idea de una sociedad cuya producción se base en empresas autogestionadas es tan antigua como las teorías de Charles Fourier, teórico francés del siglo XIX crítico del capitalismo de su época, adversario de la industrialización, de la civilización urbana y del liberalismo. Fourier propuso organizar toda producción y el consumo a través de unidades denominadas “falansterios” basadas en un cooperativismo integral y autosuficiente.

Más allá de algunas experiencias fallidas, básicamente en los Estados Unidos, la teoría de Fourier de generalizar la autogestión empresarial no germinó, como sí lo hizo el marxismo. Hoy se discute la posible convivencia de la autogestión con el sistema capitalista que, de alguna manera, es lo que insinúa el presidente Mujica. Ya no se plantea seriamente la autogestión como sistema alternativo en lo económico, social y moral. Se plantea algo más modesto, más realista: la empresa autogestionada, de propiedad colectiva, coexistiendo con otras empresas de propiedad privada o estatal.

No hay duda de que caben islas autogestionarias dentro del mercado, que cabe la explotación comunitaria de la tierra y que caben las cooperativas de producción, de consumo, de servicios o de trabajo asociado. Hay muchas experiencias exitosas en Uruguay y en el exterior. Las dudas que se plantean son qué parte de la producción puede llegar a estar en manos de este tipo de emprendimientos y hasta qué punto las empresas autogestionadas no necesitan de apoyo capitalista o del Estado para crecer.

Sin el apoyo del Estado uruguayo, del gobierno de Venezuela y de capitalistas privados, Envidrio hoy no sería realidad. Lo mismo se podría decir de otros casos similares actuales, como Funsa, o pasados, como Conaprole. Pese a las bondades proclamadas, la autogestión no ha alcanzado un gran desarrollo a nivel mundial y difícilmente lo alcance en Uruguay.

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