Se apagó la música

24 de marzo de 2008

La música dejó de sonar y la fiesta se terminó el domingo 16. La crisis hipotecaria estadounidense se cobró una víctima importante: el banco de inversión Bear Stearns & Co.. Ese mismo día se anunció la compra de Bear Stearns & Co. por parte de JPMorgan Chase a un valor de US$ 2 la acción.

En el comunicado emitido se alega que la transacción contó con la aprobación de la Reserva Federal, de la Oficina del Regulador de la Moneda y de las demás agencias federales. También se comunicó que la Reserva Federal proveería US$ 30.000 millones de financiamiento a Bear Stearns a cambio de sus activos menos líquidos.

Quizá nadie previó este final de fiesta tan abrupto, pero hubo quienes desde hace tiempo venían percibiendo el giro que iban tomando los negocios financieros. En 2005, Alan Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, dijo que “los instrumentos financieros cada vez más complejos han contribuido al desarrollo de un sistema mucho más flexible, eficiente y fuerte del que existía hace un cuarto de siglo”.

Ahora, hay quienes ven en la quiebra del Bear Stearns la consecuencia inevitable de la filosofía del laissez-faire, que permitió que las empresas financieras innovaran y se esparcieran casi sin control. Esa falta de control, se dice, creó un sistema complejo e interdependiente, propenso a conflictos de interés, donde el fraude no estuvo ausente. Muchos financistas directamente apostaron, sabiendo que el día que viniera un tifón, otro (prestamista, inversor o contribuyente) terminaría pagando al menos parte de las pérdidas.

Para otros el problema estuvo en el exceso de regulaciones. Esas regulaciones, en principio pensadas para proteger a los bancos y a los inversores del crecimiento desenfrenado del crédito, incentivaron a las instituciones a buscar formas de evadirlas, generando el enorme mercado paralelo de bonos, títulos y fondos de variado riesgo.

También hay quienes, como el economista Daniel Gross, que sostienen que esta crisis es la demostración de la pérdida de capacidad de los hombres de negocios americanos para manejar grandes emprendimientos, capacidad de la que los Estados Unidos siempre estuvieron orgullosos.

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