La crisis no mató a King Kong

Hasta 1870 el Reino Unido era la primera potencia económica mundial. Controlaba aproximadamente el 24% del comercio mundial. Esa hegemonía fue paulatinamente decayendo, dejando el primer lugar a los Estados Unidos. Ya a fines de la década de 1890 Estados Unidos superaba al Reino Unido en el nivel de producción.

A pesar de ello, la nación europea continuó manejando la economía internacional hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial. Esta guerra fue el principio del fin de la hegemonía inglesa. Y en fin definitivo sería la Segunda Guerra Mundial. Europa y Japón quedaron devastados económicamente y Estados Unidos supo aprovechar la situación.

Pero las guerras quedaron atrás y tanto Europa como Japón se recuperaron rápidamente. Pese a ello, Estados Unidos continúa siendo la economía más grande del mundo y el dólar americano sigue siendo la unidad monetaria más utilizada internacionalmente.

A la luz de algunos hechos que han sucedido en los últimos años, algunos economistas creen que el predominio de la economía americana está llegando a su fin. Estados Unidos se ha convertido en el mayor deudor a nivel mundial, en parte porque compra más en el extranjero de lo que los extranjeros compran a Estados Unidos y, en parte, por el continuo déficit en el presupuesto del gobierno federal.

Hay quienes piensan que un síntoma de esa “enfermedad terminal” de la que estaría padeciendo el país del Norte es la crisis en el mercado hipotecario que estalló este año. Sin dudas, este fue el hecho más relevante ocurrido en el plano económico e hizo saltar varias alarmas.

Por diversas razones, desde hace muchos años el americano medio ha querido tener su casa propia. De los casi 110 millones de familias, solamente alquila su vivienda el 31%. En el restante 69% hay un 22% de propietarios que no tiene deudas hipotecarias y un 47% que sí compró su casa con una hipoteca. De ese 47% de familias endeudadas, apenas el 8% está en el segmento llamado “subprime”, que es donde se han concentrado las dificultades. En valores monetarios, de los 5.900 millones de dólares que conformaban el total de la cartera hipotecaria a diciembre del 2006, solo el 12%, era en hipotecas subprime.

Ahora, ¿por qué un hecho que involucra a nada más que el 8% de las familias americanas se convirtió en el fenómeno económico del año? ¿Por qué se dice que este problema sería el síntoma de una enfermedad más grave? Para los Nostradamus de siempre, el aumento de la morosidad en sector crediticio de menor capacidad de pago dejó al descubierto cuán irreal es la vida del americano, cuán por encima de sus posibilidades vive.

La inmensa mayoría de las familias tiene cuantiosas deudas, con las que han financiado la compra de sus casas, de sus autos y han gastado con tarjetas de crédito varias. Ese boom de consumo, financiado por el sistema bancario, habría inflado artificialmente los precios de las propiedades, generando una burbuja que terminó por explotar.

Pero, para otros, esa demanda de créditos fue alentada por el propio sector financiero y por muchos inversores ávidos de nuevos negocios y buenas rentabilidades. En el afán de generar nuevos productos y mejorar los retornos de los activos, muchos intermediarios crearon nuevas modalidades de captación de recursos que resultaron ser muy ingeniosas, pero opacas y, a la larga, muy poco seguras. Quizá haya sido una falla en la regulación, pero lo cierto es que la mayoría de los bancos tuvo que contabilizar pérdidas millonarias.

A raíz de este fenómeno, la principal preocupación del gobierno y de la Reserva Federal dejó de ser el combate a la inflación y pasó a ser la lucha contra una posible recesión. Se otorgó más crédito a los bancos y las tasas fueron bajadas en tres oportunidades.

Pese a toda esta turbulencia, la economía sorprendió en el tercer trimestre con un crecimiento del 4,9% anual. El principal impulso vino de las exportaciones, que crecieron 10,5%. También aumentó el consumo privado 3% y el gasto del gobierno 2,7%, aunque bajaron las importaciones y la inversión.

Si bien los datos del pasado parecen no reflejar la crisis, ciertamente hay preocupación por el futuro. Hay temores de recesión y de aumento de la inflación. En noviembre el IPC aumentó 0,8%, llevando la inflación de los últimos doce meses a 4,3%, el avance más fuerte desde un alza igual en junio del 2006 y por encima de la subida del 4,1% que esperaban los analistas.

A raíz de estas turbulencias, es posible que Estados Unidos salga herido. Pero todavía falta mucho tiempo y mucha munición para bajar a King Kong del Empire State.

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Entre un tifón y una mera tormenta

Respecto de la crisis del mercado hipotecario de los Estados Unidos sólo hay dos elementos seguros hasta ahora: la crisis fue subestimada y el fondo de la misma todavía está por llegar.

Para entender esta crisis conviene adentrarse en el particular mundo de las hipotecas en el mercado norteamericano. Allí se manejan tres tipos de créditos hipotecarios: las hipotecas “prime”, las “Alt-A” y las “subprime”. Las hipotecas “prime” son concedidas a deudores con excelente calificación crediticia, con rating crediticio superior a 700 puntos FICO[1]. Es el segmento más alto con las tasas más bajas. Las hipotecas “Alt-A” se conceden a deudores que no proveen toda la documentación necesaria o que poseen ratings crediticios de entre 620 y 700 puntos. A su vez, las hipotecas “subprime” se dan a clientes con problemas crediticios, con poco historial de crédito, con garantía insuficiente o a personas que no pueden o eligen no declarar sus ingresos.

Hay de estos créditos a lo largo de todos los Estados Unidos, pero en California es donde se da la mayor concentración (entre 30% y 35% del total). Suelen tener algunas características especiales, con tasas de interés flexibles los primeros dos o tres años. En algunos casos, en los primeros años sólo se pagan intereses. Un 15% del mercado “subprime” es a tasas variables (Adjusted Rate Mortgages), modalidad que se vuelve cara en épocas de tasas en alza.

El total de familias del mercado americano se aproxima a 109.932.000. Solamente arrienda su vivienda en 31% de las familias y hay un 22% de propietarios que no tienen deudas hipotecarias. El 47% restante está pagando una hipoteca, de las cuales 34% son “prime”, 5% son “Alt-A” y 8% “subprime”.

En valores monetarios, de los 5.900 billones de dólares que conformaban el total de la cartera hipotecaria a diciembre del 2006, solo el 12%, era en hipotecas subprime (fijas y variables).

De las hipotecas a los títulos

Los bancos y financieras que se dedican al crédito hipotecario suelen financiarse transformando dichas hipotecas en títulos. Hay básicamente dos modalidades: las Mortgage Backed Securities (MBS) y las Collateralized Mortgage Obligations (CMOs).

Las MBS son activos representativos de un “pool” de hipotecas y los inversionistas compran una porción del mismo por medio de unidades, recibiendo el flujo del principal y los intereses. Usualmente, se crea un mercado secundario para estos títulos donde se compran y venden dichas unidades. Todos los inversores reciben el mismo retorno y tienen el mismo riesgo crediticio.

En las CMOs, en cambio, los inversores son divididos en tramos y existen reglas que determinan cómo los flujos de caja del “pool” son repartidos entre dichos inversores. Cada tramo asume un porcentaje de riesgo de default, empezando por riesgo cero, que es la porción con calificación AAA y menor rentabilidad.

El boom de la vivienda

Hubo varios factores que impulsaron el mercado hipotecario y el llamado “boom” inmobiliario. En primer lugar, la política monetaria expansiva impulsada por la Fed desde el 2000, recortando las tasas de interés desde 6,25% en diciembre de 2000 hasta 1% en junio de 2003, lo que incentivó el crecimiento de la demanda y oferta de vivienda, que ya venía en ascenso desde la década de los noventa.

Este aumento de los precios de las viviendas hizo que las financieras prestaran más para iguales inmuebles y exigieran menores ratings crediticios.

Paralelamente, se desarrollaron títulos derivados con calificación AAA, que tenían como subyacentes titularizaciones hipotecarias (MBS) con rangos de calificaciones de AAA hasta BB. Las rentabilidades de estos títulos estaban por encima de las tradicionales e incentivaron la oferta de crédito hipotecario.

A ello se sumó el apetito por inversiones con mayores rentabilidades por parte de los fondos de pensiones, compañías aseguradoras, bancos y fondos de cobertura.

Y comienza el declive

A pesar de los incentivos por parte de la oferta y la fuerte demanda por vivienda por motivo de inversión, las continuas valorizaciones en los precios de la vivienda comenzaron a revertirse en algunas zonas de Estados Unidos en el 2004, cuando la Fed inició el ciclo contractivo de la política monetaria.

Luego de esta contracción monetaria, el mercado subprime comenzó a mostrar signos de morosidad de cartera, generando una reducción de las ventas de vivienda, un impacto negativo en la construcción, mayores exigencias de parte de los prestamistas, aumento de la oferta de vivienda en la medida que se incrementan las liquidaciones de vivienda de los créditos hipotecarios y disminución en los precios de la vivienda.

Los títulos colateralizados con hipotecas comenzaron a generar dudas, ya que existía poca información sobre el comportamiento de estos activos empaquetados en condiciones de stress crediticio o en un escenario de desvalorización de los precios de la vivienda.

Empezó a hacerse difícil distinguir los malos de los buenos portafolios, encareciendo el costo de fondeo entre entidades financieras.

La primera financiera en caer fue New Century Financial, que pidió concordato a principios de abril de este año. Si bien poseía pasivos por apenas U$S 100 millones, fue la primera señal de alerta. En diez años se había convertido en la mayor firma independiente de créditos “subprime”, con negocios por U$S 51.600 millones al año y 7.200 empleados.

Luego apareció el caso de Dillon Read Capital Management, perteneciente a banco suizo UBS. Esta unidad fue fusionada con Global Asset Management del propio UBS y el costo de la liquidación se estima que ascendió U$S 620 millones. En mayo unos U$S 1.250 millones fueron devueltos a los clientes.

Semestre negro

En junio Bear Sterns comenzó a tener problemas con dos fondos de cobertura que una vez controlaron U$S 10.000 millones y de los cuales dos tercios estaban invertidos en hipotecas subprime. Los retiros de los fondos tuvieron que ser suspendidos el 1° de agosto.

Julio se cobró la primera víctima en el viejo mundo: el IKB Deutsche Industriebank. Una semana después, los movimientos de los fondos West LB Mellon Compass ABS, Oppenheim Asset Backed Securities y Frankfurt Trust del BHF Bank fueron congelados para proteger a los inversores. Kreditanstalt für Wiederaufbau (KfW), la agencia financiera federal alemana, propietaria del 38% de las acciones del IKB otorgó una línea de asistencia de € 8.100 millones, la que fue acompañada de otros € 3.500 millones de bancos.

En agosto KKR Financial Corp., filial que cotiza en Bolsa del poderoso fondo de inversión Kohlberg Kravis Roberts & Co., informó que podría tener que asumir un cargo de U$S 200 millones derivado de su portafolio vinculado a hipotecas. Debido a “interrupciones sin precedentes en los mercados de hipotecas residenciales y papeles comerciales” dijo estar intentando resolver “potenciales interrupciones de financiamiento”.

También en agosto el banco BNP Paribas hizo saltar las alarmas en los principales parqués de todo el mundo. La entidad francesa suspendió tres de sus fondos de inversión: ABS Euribor, Dynamic ABS y ABS Eonia. En dos semanas dichos fondos perdieron U$S 400 millones, es decir, el 20% de su valor.

Ese mismo mes había entrado en bancarrota American Home Mortgage Investment (AHM), el 10° prestamista hipotecario americano. Contaba con 7.400 empleados y prestaba U$S 59.000 millones al año.

A todas esta pérdidas se sumaron luego las de Merrill Lynch por U$S 8.400 millones, Citigroup por U$S 6.400 millones, Morgan Stanley por U$S 3.700 millones, Wachovia Corp. por U$S 2.400 millones, Fannie Mae por U$S 1.520 millones, Countrywide Financial por U$S 1.200 millones, Decision One Mortgage (HSBC) por U$S 800 millones, Accredit Home por U$S 260 millones y otros como Credit Suisse, Delta Financial Corp. y Lehman Brothers. A la fecha las pérdidas totales se estiman en U$S 50.000 millones.

Las estimaciones sobre la magnitud y el alcance de la crisis varían. La Fed había estimado un máximo de pérdidas de U$S 100.000 millones, pero recientemente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) concluyó que, si se incluyen las hipotecas “Alt-A”, “parece posible” que se produzcan pérdidas de entre U$S 200.000 y U$S 300.000 millones.

Perspectivas

Es evidente que la situación afecta severamente los balances de los bancos americanos, que suman a las pérdidas propias la pérdida de valor de sus inversiones de portafolios con hipotecas titularizadas. Por lo cual, no se puede descartar un riesgo sistémico.

El riesgo de que la economía estadounidense caiga en una recesión está aumentando debido a una significativa desaceleración en el gasto del consumidor, a la baja de los precios de las vivienda (cada U$S 1 de caída hay entre U$S 0,4 y U$S 0,9 menos de gastos), a que los prestamistas están menos dispuestos a entregar dinero automáticamente y a los crecientes costos energéticos.

Según David Wyss, economista de Standard & Poor's, la probabilidad de recesión en los próximos 12 meses es de un 40%.

En el caso de América Latina, las economías parecen estar más preparadas que en otras oportunidades para enfrentar turbulencias internacionales. De acuerdo con los modelos del FMI, el crecimiento en América Latina podría resistir a una esperada reducción en el crecimiento de la economía estadounidense del 1,9% el año que viene e incluso nuevas turbulencias en los mercados.

Pero América Latina se vería afectada si EE.UU. enfrentara una recesión combinada con un incremento en las tasas corporativas y una reducción en las tasas de interés de corto plazo. De todas formas, eso no llegaría a generar una amplia recesión en la región. Según el FMI, en el peor escenario, el crecimiento trimestral anualizado en América Latina caería de 5,25% en el segundo trimestre del 2007 a cerca de 4,5% a fines del 2007 y al 1,8% en el tercer trimestre del 2008.

Los precios de las materias primas bajarían, reflejando un menor crecimiento global, en casi 20% entre fines del 2007 y mediados del 2008, antes de que comenzara una recuperación.


[1] Fair Isaac Corporation, entidad privada que provee el sistema de rating crediticio más usado en los Estados Unidos. Los ratings oscilan entre 300 y 850 puntos. Los bancos y otras instituciones financieras usan estos ratings para dar o negar créditos, decidir la tasa de interés o poner condiciones más exigentes.

Artículo publicado en la revista Portfolio, diciembre 2007.

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Ya nada es lo que era

La legendaria marca de automóviles Jaguar está a la venta. Originalmente inglesa, desde 1989 pertenece a la Ford. Pero Ford está teniendo dificultades para hacer rentable la producción de Jaguars y de otras marcas de nicho. En marzo vendió Aston-Martin a un grupo de inversores y puso a la venta Land Rover y Jaguar. No aparecieron interesados ni norteamericanos ni ingleses. Sí aparecieron interesados de otras partes, particularmente de India; concretamente, Tata Motors y Mahindra & Mahindra.

La posibilidad de que Jaguar pase a pertenecer a una firma de India no agradó nada a sus distribuidores estadounidenses. Ken Gorin, dueño de The Collection, un concesionario de autos de lujo de Miami y presidente del Jaguar Business Operations Council, una asociación de concesionarios declaró que la venta de Jaguar a una firma de India tendría consecuencias sobre la imagen de la marca. “No creo que el público estadounidense esté pronto para que propiedad de la firma sea india”, señaló. También hubo resistencia a la venta de parte del paquete accionario de Orient-Express Hotels a Indian Hotels Co., también propiedad del grupo Tata.

Muchos americanos todavía no han caído en la cuenta de que este tipo de prejuicios son cada vez menos sostenibles, económicamente hablando. Seguramente a los ingleses no les hizo mucha gracia que los otrora súbditos comenzaran a comprar sus empresas. Estados Unidos se había enriquecido, llegando a superar a la ex madre patria.

Algo similar está ocurriendo ahora: muchos países de los llamados subdesarrollados se han enriquecido. Hoy los compradores vienen de China, de India o de los países del Golfo Pérsico. Debido a los enormes superávits comerciales de los últimos años, estos países cuentan con disponibilidades enormes.

En contrapartida, Estados Unidos se ha empobrecido relativamente. Han contribuido a ello las políticas dispendiosas de los últimos gobiernos, que hicieron del país el primer deudor del mundo y fomentaron un consumo privado muy superior a las posibilidades reales de la gente.

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Jaque mate de epaulette

La expresión del ajedrez “jaque mate” parece provenir de la locución árabe “Shah mat”, que significaría algo así como “el rey está bloqueado o indefenso” o “el rey ya no puede escapar”. Las distintas formas de llegar a un jaque mate reciben diferentes nombres. El mate de epaulette (charretera) es aquél en el que el rey se encuentra bloqueado a ambos lados por sus propias torres.

El ajedrez es originario de la India y fue transmitido al Occidente medieval por medio de los persas y los árabes. Inicialmente, las piezas del juego simbolizaban a los cuatro cuerpos del ejército: infantes, caballeros, elefantes y carros. Con el tiempo, los infantes pasaron a ser los peones, los caballeros los caballos y los elefantes, los alfiles u obispos. Lo que ahora es la torre era el “rukh” (carruaje de guerra, en árabe), que se transformó en un elefante con una torre en el lomo y luego simplemente en una torre.

Para ir a una guerra los generales arman su ejército, al igual que un ministro al asumir su cargo arma su equipo. El ministro Danilo Astori hizo lo propio; resulta que ahora se encuentra bloqueado, casi sin escape, a causa del comportamiento de dos de sus lugartenientes; fue jaqueado de epaulette.

Seguramente muy pocos se animen a no reconocer ciertos logros de la gestión de Astori al frente el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). El primero fue el haber incorporado un equipo de profesionales de primera línea. Si bien la pasada administración había hecho esfuerzos en ese sentido, ésta redobló la apuesta. Muchos temas que antes se manejaban desde el Banco Central o desde otros ministerios, pasaron a ser tratados por especialistas del MEF, con los cuales es posible dialogar seriamente (aunque no necesariamente ponerse de acuerdo).

También se plantearon reformas trascendentes, algunas de las cuales todavía no han podido implementarse y algunas que han levantado polvareda: la reforma de la Dirección General Impositiva, la reforma tributaria, el reperfilamiento del endeudamiento externo, la nueva carta orgánica del Banco Central del Uruguay, la reforma del Banco Hipotecario, la reprivatización del Nuevo Banco Comercial y de Pluna, la nueva ley de concordatos y quiebras y la reforma de la Dirección Nacional de Aduanas.

Sacando el asunto del rebrote inflacionario, las cifras macroeconómicas acompañaron bien estos casi 34 meses de gestión. Se podrá discutir si esos buenos resultados son fruto mayormente de la buena coyuntura internacional o si el gasto público no debería ser algo inferior. Pero los números favorables de crecimiento, ocupación, exportaciones, inversión o mejora de los ingresos de las familias son indiscutibles.

Aún a quienes tienen matices con la conducción del equipo económico, un jaque que termine en mate probablemente les genere abatimiento, desesperanza e incertidumbre. Una salida en pleno del equipo significaría un tremendo shock de confianza, de similar magnitud pero de signo contrario al que produjo la noticia del nombramiento de Astori como ministro.

Dentro del partido de gobierno no se avizora una figura con similares características técnicas y de liderazgo como la del ministro Astori. Tampoco se intuye fácilmente de dónde surgirían los cuadros para reemplazar el staff que hoy integra las asesorías y direcciones del MEF.

El contexto económico externo seguramente será menos favorable en los próximos dos años. La propensión al gasto por parte de la clase política deberá ser sofrenada como nunca. ¿El FA tiene a otra persona adecuada para esa tarea?

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Con la brújula rota

Cuando uno llega por las cercanías de 18 de Julio y Fernández Crespo las brújulas se ponen locas, el Sur pasa a ser el Norte y el Norte el Sur. Allí se encuentra amarrado el Banco Hipotecario (BHU), un barco que parece haber sido botado sin capitán o que directamente zarpó con la brújula rota.

No se puede decir que el BHU se haya hundido porque, como el famoso Titanic, haya chocado contra un enorme iceberg. No parece hundido del todo; está muy escorado. Ha perdido más de US$ 1.500 millones en los últimos años. Tanto este gobierno como el anterior intentaron poner comandantes que lo llevaran a buen puerto. Pero, la semana pasada, quedó patente lo arduo de la tarea.

De acuerdo a versiones de prensa, los directores del banco estatal fueron removidos por “inoperantes”. Y es probable que lo fueran, aunque es difícil tomar un timón con firmeza cuando las políticas, tanto en materia de vivienda como de créditos hipotecarios, son poco claras, por no decir simplemente erráticas.

Uruguay es un país de gente propietarista, gente que sueña con la casa propia. No es el único. Los estadounidenses son, en ese aspecto, iguales a los uruguayos. El 70% de las familias americanas es propietaria de su vivienda y casi el 50% tiene un crédito hipotecario. No en vano por allá por el Norte el crédito hipotecario representa cerca de un 50% del PBI. Y eso porque, más allá de la crisis por la que pasa el negocio, ha habido históricamente una política de fomento al crédito para vivienda.

En Uruguay el crédito hipotecario no llega al 5% del PBI y, si se quitan los créditos del BHU con problemas, ese porcentaje baja a menos del 2%, cifra más que pobre.

Sería interesante que se explorara un camino como el de Estados Unidos, donde el Estado deja al sector privado la tarea de decidir los créditos. Desde 1968 existen dos entidades (Fannie Mae y Freddie Mac) creadas para dar estabilidad y liquidez al mercado hipotecario. Estos bancos de segundo piso gozan de diversos privilegios, como exoneración de impuestos y acceso a una amplia línea de crédito del Tesoro.

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¿Y dónde está el negocio?

Las operaciones financieras son difíciles de evaluar. Una operación que puede ser buena para un agente puede no para otro. La bondad o eficiencia de un negocio financiero depende de muchas variables, entre ellas, de la situación de partida, de las expectativas y de los posibles negocios alternativos de cada uno.

Luego de una sugerencia de Citigroup Global Markets Inc., la semana pasada el gobierno ofreció al mercado recomprar hasta US$ 500 millones en papeles de deuda con vencimiento anterior al año 2012, una operación inédita en la historia del país.

Suponiendo que la recompra de le deuda se haya analizado pura y exclusivamente desde el punto de vista económico, puede ser útil tratar de descubrir cómo razonaron los jerarcas gubernamentales a la hora de aceptar el negocio propuesto por Citigroup.

Tomando los bonos en dólares que se proponía recomprar, a los precios ofrecidos, dichos bonos dejaban una rentabilidad de un 5% en promedio; son bonos que tienen una duración promedio de 2,5 años. Se puede comparar ese 5% de rentabilidad con una inversión alternativa a un plazo similar; por ejemplo, bonos del Tesoro de los EE.UU., que rinden aproximadamente un 3%. Y se podría concluir: efectivamente hubo un buen negocio. Pero hay un pequeño detalle: los bonos del Tesoro de los EE.UU. están calificados con AAA y los de Uruguay no tienen grado inversor. Bueno, pero el gobierno no va a dejarle de pagar al BCU, se podría contra argumentar. Es probable, aunque ese compromiso seguramente no esté escrito y el riesgo existe.

Otra comparación que se podría hacer sería contra lo que costaron esos US$ 500 millones de reservas “sobrantes”. La última serie de bonos en dólares emitida paga una tasa de 7,625% anual. Esos bonos se emitieron en 2006 y, desde entonces, sólo hubo una emisión en yenes y varias emisiones en moneda nacional, todas con costos superiores a los de la emisión en dólares. El “exceso” de emisión que originó la abundancia de reservas y posibilitó esta operación termina costando más de US$ 13 millones anuales a la sociedad.

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Lo dudo, lo dudo

Lo dudo, lo dudo, lo dudo...
que tú llegues a quererme,
como yo te quiero a ti.
Lo dudo, lo dudo, lo dudo...

Cuando en 1953 el mexicano José de Jesús “Chucho” Navarro, segunda voz del Trío Los Panchos, compuso “Lo Dudo” no pensaba más que en el amor entre un hombre y una mujer. Hoy alguna de las estrofas de aquel bolero encajan perfectamente para describir la relación entre Uruguay y Argentina.

La semana pasada se firmó un acuerdo para la implementación y operación conjunta de una planta de regasificación de gas licuado. La planta se localizaría íntegramente en territorio uruguayo, siendo uno de los posibles lugares de ubicación el predio que fuera de Cerro Free Port.

Jerarcas locales se han encargado de resaltar que la interconexión energética entre Uruguay y Argentina no se verá afectada por el actual distanciamiento diplomático. Han puesto como ejemplo los 35 años de administración conjunta y pacífica de la represa hidroeléctrica de Salto Grande. El presidente de Ancap, Daniel Martínez, se mostró muy optimista basado en que “la lógica económica y empresarial que es distinta a la lógica política”.

Ojalá que así sea y que no suceda lo que ha ocurrido en el Río de la Plata con el dragado de los canales. Desde que en 1985 se acordó profundizar el canal Martín García, Argentina no ha hecho más que privilegiar el canal Emilio Mitre. En 2006 Argentina profundizó el canal Mitre, quedando éste con 34 pies navegables, mientras que el Martín García tiene 30 pies.

En agosto de este año Argentina acusó a Uruguay de volver a violar el Estatuto del Río Uruguay al autorizar unilateralmente el dragado del canal Martín García a la altura del puerto de Nueva Palmira.

Un tema aparte es si la planta de regasificación es la mejor solución para abastecer las necesidades energéticas futuras del país. Sin lugar a dudas, sería mucho más barato, rápido y eficiente traer gas de Bolivia, que lo tiene en abundancia. Pero, parecería que con el país andino sí se ve que las dificultades de relacionamiento perdurarán por largo tiempo.

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